Las explosiones de los cohetes y los ¡vivas! recorren la ciudad. Las campañas internas de los partidos para designar candidatos a la presidencia municipal están en su apogeo, y los trece precandidatos de la autodenominada izquierda luchan por ganar el apoyo de las masas. Hay música, discursos y mucho pueblo, que los políticos se disputan con autocomplacencia y rimbombancia. Abordo un taxi para dirigirme a otro acto; en el camino le pregunto al conductor cuál es su candidato. Responde sin dudar: «Fulano, porque me consiguió un terreno en la colonia Tal». La invasión y repartición de tierras continúa siendo práctica habitual, mecanismo seguro para obtener votos. «Entonces —insisto—, ¿votará por Fulano?». «Bueno, no —responde el taxista—; en realidad votaré por mi terreno, que es lo único que tengo». Fulano, se sobrentiende, es uno de los precandidatos de esa vieja izquierda tropical que a golpe de alianzas con el centro y la derecha se niega a desaparecer.
El colmillo político de los contendientes se expresa de las más variadas maneras; no hay espacio aquí para ingenuidades, el botín es importante; el municipio recibe varios cientos de millones de pesos anuales provenientes de la Federación, del gobierno del estado y de impuestos directos. Las cifras serían más claras si el actual presidente de Juchitán, también de «izquierda», hubiera entregado su reporte de gastos y ejercicios, y aunque en público presume de varias obras de envergadura, lo cierto es que la mayoría de éstas han sido realizadas por la Secretaría de Desarrollo Social, y no por el municipio mismo.
La política local parece estar en manos de unas pocas familias. Tíos, primos, sobrinos, hijos, esposas y amantes se reparten cargos, beneficios, diputaciones, contratos, candidaturas y toda suerte de prebendas que emanan de la política y sus negocios aledaños: los males del Estado en su máxima expresión. Las falacias de la democracia, la transparencia y la justicia social se hallan a flor de piel, lacerantes. Aún suponiendo que alguno de los candidatos sea honesto y bien intencionado (todo es posible en este mundo) lo cierto es que el chanchullo, el compadrazgo y la real politik mandan desde las profundidades del sistema. El Sistema (ahora con mayúscula) será el único vencedor en esta contienda; o al menos eso asegura mi habitual desencanto político.
Lo que está en juego en Juchitán es la supuesta renovación de la izquierda local. Un salto generacional se insinúa, con dos precandidatos de treinta y tantos años de edad, modernos y liberales —según algunos, demasiado liberales— que insisten en transformar las viejas prácticas políticas sin alejarse de ellas. Ambos son hijos de fundadores de la COCEI, ambos pertenecen a familias políticas, a ambos los tildan de juniors y ambos reniegan del radicalismo, que al parecer confunden con extremismo. Ser radical, insistiré siempre en ello, significa atacar los problemas desde su raíz (radix); el extremismo, entonces, es justo lo opuesto: la búsqueda del último recurso...
*
Soid Pastrana es uno de los pintores más activos de Juchitán. Lo conocí hace una década, y al preguntarle por el significado de su nombre, respondió con modestia: «es Dios al revés» («¡Demonios!», exclamé yo). Su postura política es iconoclasta: «Aquí la oposición es el PRI; la izquierda ha gobernado durante décadas, ha robado, se ha corrompido en el camino y no ha invertido nada en arte y cultura», bastiones históricos de la izquierda juchiteca. La intelectualidad ha apoyado siempre a la COCEI, y ahora, tras treinta años de gobierno están hartos de tanto discurso y tan pocas acciones.
Soid y un equipo de artistas se dedican a pintar murales destinados a la propaganda del partido centrista: «No es que mis convicciones políticas estén con el PRI —asegura Pastrana—, es que todos los demás se han olvidado del desarrollo cultural de este pueblo. La “izquierda” se ha acostumbrado a que los artistas los apoyemos, lo dan por hecho, pero ese apoyo ha estado siempre relacionado con el propio proyecto ético y cultural de la izquierda, y si ellos se olvidan del proyecto nosotros nos olvidamos de ellos», concluye el pintor. Se trata de una profunda paradoja política: aquí, ser contestatario, significa enfrentarse a la organización que históricamente ha representado los intereses «del pueblo». La certeza de que los líderes de la autodenominada izquierda trabajan para sí mismos y no para la sociedad, se instala lenta pero inexorablemente en el pensamiento político de los juchitecos. «Me llamarán traidor —piensa el pintor de cuarenta años— pero en realidad los traidores son ellos».
Aunque la postura de Soid Pastrana es extrema, sus críticas son compartidas por buena parte de la comunidad cultural. La decepción del medio artístico es notoria, y la convicción de que la COCEI, al entrar en el terreno de la política real traicionó sus principios obreros, campesinos, estudiantiles —revolucionarios, pues— la comparten todos aquellos con quienes he hablado. Un escritor, ex militante del extinto Partido Comunista Mexicano asegura que el gran proyecto cultural de la izquierda murió en cuanto empezaron a gobernar: «Al principio llegaron aquí todos los grandes intelectuales mexicanos. ¿Ves a alguno de ellos ahora? Ya nadie los apoya, se están quedando solos, funcionan gracias a sus grupos de presión, a las tácticas corporativistas heredadas del PRI. La COCEI, aquí, es el grupo político del Poder, y no otra cosa», afirma tajante.
*
El maestro está contento. Ha bebido algunas cervezas en este bar que parece ser el centro de reunión de la intelectualidad local. Al hablar de política aflora su mal humor: «Son todos la misma mierda. Se hacen los de izquierda y todos apoyaron al gobernador en la represión de Oaxaca: vendieron su ideología, si es que la tienen», asegura. «Lo que necesitamos es un presidente que se amarre el cinturón y vele por el pueblo, pero lo único que hacen es robar, enriquecerse a costa de uno». Pregunto por los principales problemas de Juchitán y responde angustiado: «La seguridad. Tenemos una policía en pañales, mal pagada, peor adiestrada, y ¿cómo resuelve un policía sus problemas cotidianos?, pues mejor se une a la delincuencia, pagan más. Luego —dice—, la educación. Hay maestros que apenas acabaron la secundaria, obtuvieron su puesto por palanca, por el mal gobierno, y es que los líderes sindicales y el gobierno son la misma cosa, eso ya no se puede ocultar». El maestro se levanta, y tambaleante emprende la retirada, refunfuñando.
Pago la cuenta, y harto de hiperpolítica me retiro también...
Juchitán| < Anterior | Siguiente > |
|---|